Pablo Luís Torrents

Montevideo, 1893 – Montevideo, 1966

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El eterno emigrante. De Uruguay a Barcelona; exiliado el 1939 en Francia y después en Uruguay; camino hacia Argentina y vuelta a Uruguay. Y un sueño sin poder cumplir: la vuelta a la capital catalana que tanto echó de menos, donde vivió su brillante carrera de fotoperiodista. Consolidado con la Exposición Universal de 1929, retrató la vida deportiva, cultural y política, especialmente para diversas publicaciones madrileñas. En plena actividad durante la guerra, fue entonces cuando recibió el encargo que lo marcó para siempre: documentar los bombardeos gráficamente.

Sus primeras fotografías de prensa localizadas son de deportes, publicadas el 1923 en La Jornada Deportiva. Poco a poco forjó contactos para empezar a colaborar con algunos diarios de Madrid, como el popular El Heraldo de Madrid. El salto profesional le llegó en 1929 por dos motivos: el trabajo que generó en Barcelona la Exposición Universal y la fundación de la sociedad Gaspar-Sagarra-Torrents, sita en Via Laietana, 54. 

El equipo, conocido como los Tres Reyes Magos, funcionó como un reloj durante cuatro años, convirtiéndose en la  empresa fotoperiodística de referencia en la ciudad. Torrents se encargó sobre todo de las publicaciones madrileñas, ejerciendo de corresponsal en Barcelona para la empresa Prensa Gráfica S.A., editora entre otras de Mundo Gráfico, La Esfera y Crónica. Fue socio de Sagarra entre 1932 y 1934. Después continuó en solitario, y fue entonces cuando su hijo Pablo René empezó a ser su ayudante.

Todo cambió el 19 de julio de 1936. Comprometido con la causa republicana, fue una de las almas del pool de fotógrafos que integró parte de los fotoperiodistas más importantes en activo. La finalidad del grupo era cooperar y sumar esfuerzos en la cobertura de las múltiples noticias que generaba el conflicto. A partir de 1937, Torrents recibió un encargo que lo marcó para siempre: documentar los efectos de los bombardeos de la aviación fascista, primero en Barcelona y después en diversos lugares de la geografía peninsular. 

A comienzos del año 39, a pesar de las evidencias, se negaba a aceptar la derrota. Con las tropas franquistas a las puertas de Barcelona, huyó al exilio en coche, llevándose dos cajas de madera con lo que había podido reunir deprisa y corriendo de su archivo personal. Aquellas fotografías se perdieron cerca de Le Boulou, y su destino es todavía un misterio.

Aprovechando la nacionalidad francesa de su mujer, la familia consiguió llegar a Perpiñán y después a París. Su piso de la capital francesa fue uno de los centros de ayuda para localizar y poner en contacto periodistas españoles exiliados. En calidad de representante de la Federation International de Journalistes (FIJ), Torrents pudo facilitar gestiones e intentar ayudar a periodistas detenidos en los campos de concentración franceses. 

Pero el peso de otra guerra se hacía insoportable. Y una noche de invierno de 1940 la familia se embarcaba en el Florida, rumbo a Montevideo. En Uruguay dejó el fotoperiodismo, montó otro estudio y continuó con la fotografía industrial y comercial. Siempre echó de menos Barcelona, y entre otras actividades vinculadas a los catalanes de América, fue miembro de la junta directiva del Casal Català de Montevideo. Allí se reencontró, durante la década de1950, con su antiguo socio Josep Gaspar, con quien intentaron poner en marcha, con poco éxito, una productora cinematográfica. 

En 1955 Torrents volvió a emigrar, ahora hacia Buenos Aires, donde abrió un curioso negocio de postales musicales que funcionó durante años. Pero la nostalgia persistía y, una década más tarde, regresó a Montevideo para organizar el último viaje: su retorno a Catalunya. No tuvo tiempo. Murió el 25 de septiembre de 1966, a los 73 años, sin poder cumplir su sueño. 

Recursos: 

Alós, Ernest: "Torrents también estaba allí". El Periódico de Catalunya. 1/12/2013

Agradecimientos: 

Gabriela Torrents, Ricardo Franco.